21 abr. 2009

Una de esas artistas que no moriran nunca

Anoche disfrute de una pelicula en el cable con la vida, pasiones (y son muchas) de Edith Piaff.

Hija de contorsionista acróbata y de una italiana que cantaba en cafetuchos de París, Edith Giavanna Gassion nació en la madrugada del 19 de Diciembre de 1915 bajo la luz de una farola de la parisina calle de Belleville y sobre la capa de un gendarme que atendió a su madre en el parto. Al cabo de muy poco tiempo sus padres se separaron y la madre, totalmente alcoholizada, dejó a la pequeña Edith a cargo de su abuela paterna, una mujer árabe que se había ganado la vida por los pueblos como domadora de pulgas, un "arte" muy popular a principios de siglo (XX). El padre, también alcoholizado, apenas si ganaba para llevar dinero a casa.
Cuando Edith tenía cuatro años, en la durísima postguerra parisina de 1919, una meningitis la dejó ciega, pero poco después recobró la vista gracias, según explicó su abuela, al devoto peregrinaje a la iglesia de Santa Teresita del Niño Jesús, en Lisieux, que la mujer hizo con su nieta. Si los primeros años de vida de Edtih fueron difíciles, más lo fue su adolescencia. Cuando tenía diez años su padre enfermó gravemente y la pequeña empezó a cantar por la calle, recogiendo las escasas monedas que los viandantes le arrojaban. En aquellas primeras actuaciones, Edith cantaba la Marsellesa, el himno nacional, la única canción que conocía. Cinco años más tarde conoció a su mediahermana Sinome, una niña de 12 años, hija ilegítima de su padre, y se pusieron a trabajar juntas. Ella cantaba y ella hacía malabarismos y recogía las monedas. Pobres como ratas, Edith y Simone dormían en las bodegas o en las calles, guareciéndose como podían de la dura intemperie y sin poder comer caliente cada día.
El primer hombre de su vida fue un golfillo que trabajaba como recadero, del que se quedó embarazado cuando tenía 16 años. Tuvo una niña, a la que llamó Cestelle, pero aquel bebé murió a los dos años a causa de una meningitis. La muerte de su hija cuando ella misma practicamente no había dejado de ser una niña, marcó duramente a Edith. Desde entonces, imbuida de una enorme desperanza, empezó a vivir de noche, cantando en los clubs y en las calles de Pigalle, rodeada de las prostitutas y los delincuentes que la fascinarían durante toda su vida. Como no podía vivir de lo que le pagaban en aquellos tugurios infames, Edith tuvo que seguir cantando en las calles. Y, curiosamente, sería en una de ellas donde tropezaría con la suerte.
Era 1935 y Edith estaba cantando en una transitada avenida cuando un hombre, elegantemente vestido, se detuvo a escucharla. Permaneció allí durante un buen rato, sin quitarle ojo, hasta que, alargándole un billete de diez francos, le propuso hacer una prueba. Aquel hombre era Louis Leplée, propietario de Gerny's, un cotizado cabaret de la época al que acudían los famosos de París. Al día siguiente, Edith cantó todo su repertorio, y Leplée, impresionado con esa voz, a la vez bronca y dulce, la contrató. Pocos días después. Leplée convocó a sus mejores clientes para el estreno de la joven a la que había rebautizado como Môme Piaf, que en francés significa "pequeño gorrión". En los siguiente meses, Leplée enseñó a Edith los secretos de oficio de cantante: la importancia de las luces, la música, los gestos, la puesta en escena...y la convirtió en una figura.
Leplée muerto en su despacho. Le había asesinado de un disparo. Aquello fue un autentico desastre para Edith, que no sólo perdió a su mejor amigo y su protector (le llamaba cariñosamente papá), sinó que la policía le consideró sospechosa del crimen por las relaciones que tenía con los himpones de Pigalle. La prensa cayó encima de la artista, acusándola sin que hubieran pruebas, y truncando su carrera, ya que el público y muchos de los intelectuales parisinos le dieron la espalda.
Tras la muerte de Leplée, Edith se entregó a todo tipo de excesos, como hacía siempre que le iba mal. Acababa en cualquier tugurio y se acostaba con todo tipo de hombres. Afortunadamente, a finales de los años 30 empezó a centrarse y, bajo la influencia del letrista Raymond Asso, su amante en aquel momento, trabajó disciplinadamente en su repertorio y fue capaz de volver a tener grandes éxitos.
Empezó a hacer teatro, películas y giras por toda Europa y America, donde conoció a la actriz alemana Marlene Ditrich, con la que entabló una gran amistad que duró toda la vida. Convertida en la gran dama de la canción francesa, se dedicó a ayudar a artistas noveles, como Yves Montand, Gilbert Bécaud, Georges Moustaki, Eddie Constantien o Charles Aznavour, con los que mantenía apasionados romances hasta que se cansaba y los abandonaba.
El boxeador Marcel Cerdan fue el gran amor de su vida. Se conocieron en 1946, cuando ambos estaban en la cima de su carrera, pero la felicidad fue efímera, ya que él murió en 1949, al estrellarse el avión al que viajaba. Aquella muerte fue un golpe demasiado fuerte y la cantante se hundió en una profunda depresión de la que, como siempre, trató salir gracias al sexo, el alcohol y a los tranquilizantes. Mantener su agotador ritmo de trabajo le supuso un duro esfuerzo y muchos accidentes de trafico. Después de uno de ellos, Edith se volvió adicta a la morfina, droga en la que dilapidaba grandes enormes sumas. El matrimonio en 1952 con el cantante Jacques Prill no fue más que un intento desesperado de rehacer su vida, pero fue en vano, ya que la unión solo duró cinco años.
A medida que se iba haciendo mayor, sus amantes eran cada vez más jóvenes y, tras cumplir los cuarenta años, su deterioro físico fue imparable, sucediéndose los ingresos en centros hospitalarios; pasó por una operación de páncreas, una oclusión intestinal y un coma hepático.
Finalmente, en 1959 los médicos le pronosticaron cáncer, enfermedad que, en los años siguientes, le tuvieron apartada del único lugar donde parecía feliz: los escenarios. Su última amor, el griego Theo Lambukas al que ella llamaba Théo Sarapo, palabra que en griego significa "te amo", era 20 años menor que ella. Edtih, fiel a su costumbre, le hizo cantante y se casó con él un año antes de morir, cuando ya estaba gravemente enferma



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