1 may. 2010

Caca de ballena para combatir el calentamiento

La Comisión Ballenera Internacional se reúne en junio para discutir una propuesta que tiene como fin regular la caza de ballenas en los próximos diez años.
Para quienes se oponen a la captura y comercialización de estos cetáceos, el estudio publicado en estos días por investigadores de la División Antártica Australiana no podría llegar en un mejor momento: sus conclusiones aportan no uno sino varios argumentos de por qué resulta crucial salvar a estos gigantes marinos.
Según los investigadores, el excremento de las ballenas puede contribuir en la lucha contra el cambio climático ya que actúa como fertilizante de las aguas oceánicas, mejorando su capacidad de absorber dióxido de carbono.
La hipótesis de que las ballenas excretan el hierro que consumen del krill (un crustáceo planctónico -semejante al camarón- que constituye su principal alimento) había sido sugerida años atrás, pero, hasta el momento, nadie la había puesto a prueba
"Lo que nosotros hicimos fue analizar un número de muestras de heces y descubrimos que, en efecto, tenían una gran concentración de hierro, dijo Steve Nicol, uno de los coautores del estudio.
Este hallazgo no sorprendió a los investigadores, estaban seguros de hallar hierro en los excrementos de ballena. Pero lo que sí los dejó atónitos, explicó Andrew Bowie, otro de los científicos que participó en la investigación, fue el alto grado de concentración: 10 millones de veces más que en las aguas antárticas.
"La función de las ballenas es transformar el hierro que contiene el krill en excremento, que, como es una suerte de líquido, puede ser fácilmente absorbido por las algas, que son las encargadas de absorber el CO2 del océano", explicó el investigador.
La cantidad de hierro que liberan -y que estimula el rápido crecimiento de las algas- es elevada porque estos cetáceos no lo necesitan en grandes proporciones. Es fundamental para el desarrollo de sus músculos, pero la mayor parte de su vida, "las ballenas están acumulando grasas".
Si bien la investigación pone de manifiesto el rol de los grandes mamíferos marinos en el control de la producción de algas, y por tanto, su influencia en el cambio climático, los expertos dejaron en claro que su contribución es limitada y aún no se tiene información precisa sobre cuánto CO2 realmente absorben.
Más allá de su aporte en la lucha contra el calentamiento global, los científicos hallaron otra razón por la cual es importante mantener la población de ballenas.
Una vieja teoría, comenta Nicol, sostenía que si se eliminaban a los grandes mamíferos del océano, aumentaba la producción del ecosistema marino.
"Se pensaba que si no había ballenas que se comiesen el krill, estos crustáceos podrían servir para alimentar a otros animales como pingüinos o focas".
"En realidad nuestro estudio demuestra lo contrario: que si dejamos a estos animales dentro del ecosistema, se mantiene su productividad", le dijo Nicol.
"Y un sistema completo, intacto, es mucho más productivo que uno al que le quitas una capa. Un ecosistema sano producirá más peces y absorberá más CO2", concluyó el experto.

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