Acapulco, del lujo a la "bancarrota"
Acapulco es uno de los balnearios más conocidos de
México, residencia de legendarios actores de Hollywood y refugio de
monarcas exiliados. Pero ahora es, también, uno más de los municipios
del país que tienen a su gobierno en bancarrota.
Recientemente el nuevo alcalde, Luis Walton
Aburto, dijo que recibió un Ayuntamiento "en quiebra", pues heredó de la
anterior administración varias deudas que suman casi US$165 millones.
Es más dinero del que pueden pagar con las finanzas locales y por eso
Acapulco, dice su alcalde, necesita ayuda federal para evitar una
parálisis gubernamental.
En los últimos años Acapulco ha sido campo de
batalla entre carteles de narcotráfico que disputan el control del
mercado de drogas.
La violencia provocó el cierre de decenas de
negocios y ahuyentó el turismo, especialmente el extranjero y los
visitantes que solían llegar en cruceros marítimos.
Ahora, oficialmente la disputa de carteles ha
disminuido y el flujo de turistas empieza a repuntar, pero las finanzas
públicas siguen en problemas.
La actual crisis financiera no se relaciona con el problema del narco,
afirma el alcalde Walton, sino con "un manejo irresponsable" de las
finanzas públicas en el gobierno anterior que encabezó Manuel Añorve
Baños.
egún Walton, en 2009, cuando inició la gestión de Añorve, la deuda
del ayuntamiento era de unos US$30,5 millones. Tres años después aumentó
a US$120 millones.
A los pasivos se suma un déficit en las arcas
municipales. Actualmente el dinero disponible representa la mitad del
necesario para pagar sueldos, bonos de fin de año, combustibles,
electricidad y cubrir los pagos de obras públicas ya realizadas.
Para superar la crisis, Acapulco necesita ayuda
del gobierno federal. "Necesitamos que invierta, de otra manera no vamos
a salir", explica Walton.
Mientras tanto, el ex alcalde Añorve Baños
rechaza que el gobierno de Acapulco esté en quiebra. Las críticas son,
dice, parte de una venganza política.
"Se busca atraer los reflectores y difamar a la administración anterior con cifras inexactas", ha dicho a medios locales.
BBC Mundo intentó hablar con Manuel Añorve,
actualmente diputado federal, pero al día de la publicación de esta nota
no había obtenido respuesta.
Casos como éste son frecuentes en cada relevo de autoridades en México, reconocen especialistas.
Por ejemplo en Tapachula, Chiapas, al sur del
país, el nuevo alcalde encontró menos de US$1 en las arcas municipales, y
en otros ayuntamientos los funcionarios iniciaron su trabajo sin
muebles, vehículos o papelería oficial porque sus antecesores se los
llevaron.
El problema es que hay poco castigo para quienes
abusan del dinero público, le dice a BBC Mundo Juan Pardiñas, director
del independiente Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
"Hay una debilidad estructural en transparencia y
rendición de cuentas, y al haber este serio problema ocurre con mucha
frecuencia que se utiliza el dinero para fines no asignados", explica y
añade: "Como dice un dicho mexicano: en arca abierta hasta el más justo
peca".
Para muchos analistas, la raíz del problema es
que las autoridades mexicanas, especialmente en los municipios, no están
acostumbradas a informar a los ciudadanos sobre el uso que dan a los
recursos fiscales.
Es un asunto relativamente nuevo, explica el director del IMCO, pues
durante el tiempo que el Partido Revolucionario Institucional (PRI)
gobernó al país se creó una especie de administración pública alterna.
"En el México del viejo sistema presidencialista
el poder central tenía capacidad de remover no sólo a un gobernador
sino a un alcalde. Había un sistema de rendición de cuentas no
democrático hacia gobernadores o al presidente de la República", cuenta
el especialista.
Este mecanismo ha ido desapareciendo. Pero lo
que sí prevalece es la costumbre de que en el último tramo de cada
gobierno -tres años, en el caso de las alcadías- muchos funcionarios
autorizan créditos bancarios, realizan compras excesivas y se llevan o
venden muebles, vehículos, aparatos electrónicos, computadoras y hasta
enseres de baño.
A esto en México se le conoce popularmente como "el año de Hidalgo": es tonto quien deje algo.

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