27 may. 2010

El derrame de petróleo debajo del agua

El buzo y ambientalista Philippe Cousteau Jr. —nieto del oceanógrafo francés Jacques Cousteau— ha estado haciendo inmersiones en el Golfo de México para evaluar el impacto ambiental de derrame de petróleo ocurrido el 20 de abril en las costas de Luisiana, Estados Unidos.
En su misión, que le llevó tres semanas de preparación, también está revisando la limpieza que está realizando la empresa BP.
"Sé que mi padre y mi abuelo estarían haciendo esto si estuvieran vivos y que estarían tan horrorizados como yo con lo que he visto", escribió Cousteau Jr. en una entrada de su blog Earthecho.org.
Cousteau Jr. aseguró que la combinación del petróleo con los dispersantes químicos utilizados para removerlo (mezcla de disolventes, tensoactivos y otros aditivos que rompen la tensión superficial del crudo) están contaminando severamente el agua. Y que representa un peligro incalculable para el ecosistema del Golfo de México.
Además, aseguró, hay pocos motivos para el optimismo.
Nuestros peores temores se hicieron realidad.
La preocupación, por supuesto, es sobre los dispersantes químicosque se están aplicando en el Golfo de México en una escala sin precedentes. Ya se han aplicado unos 800.000 galones de un dispersante denominado Corexit, el cual es altamente tóxico.
En general, la gente piensa en un derrame de petróleo en la superficie del océano, pero ahora con el dispersante químico está, de hecho, en la columna de agua. Nubes de esa sopa espesa y tóxica pasaban sobre nosotros, allá abajo a 15 o 20 pies debajo de la superficie. Fue horrible.
Realmente no sabemos qué está pasando. No sabemos qué tipo de efectos va a tener.
Quiero decir, hay una sustancia tóxica que usted no quisiera tener en su cocina y la estamos rociando en cientos de miles de galones en el Golfo de México, uno de los ecosistemas más biodiversos y ambientalmente importantes aquí en Estados Unidos. De hecho, en el mundo.
Y por supuesto, el petróleo por sí mismo es tóxico y ésta fue la peor época del año para que esto ocurriera.
Quiero ser muy claro. Esta no es una oportunidad. Aquí no hay un resquicio de esperanza.
Esto es sólo un desastre total y muchos, no sólo los animales, lo van a padecer. Una incalculable cantitad de gente, a las cual se le está destruyendo su medio de sobrevivencia delante de sus ojos, está sufriendo también.
Espero que esto pueda, por lo menos, recordarnos - y seguramente nos lo recordará- nuestra responsabilidad de tener cuidado y el viego adagio que dice: "si algo puede salir mal, probablemente lo hará".
(Mi padre y mi abuelo) seguramente se habrían horrorizado y decepcionado.
Decepcionado de que en las últimas décadas nuestra tecnología para perforar en búsqueda de petróleo se haya expandido considerablemente pero no la hayamos mantenido en una perspectiva de regulación y no la hayamos desarrollado al ritmo de una tecnología de limpieza.

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