20 jun. 2008

Un meteorito revela nuevas pistas sobre la formación del sistema planetario

El polvo cósmico que dio origen a la Tierra y a los otros planetas del sistema solar fue mucho más denso de lo que se creía, según un estudio realizado por científicos estadounidenses que divulgó hoy la revista Science.
Esa pista sobre el origen de la Tierra fue arrojada por el análisis del contenido de sodio en un meteorito que cayó en Semarkona, India, en 1940, realizado por geólogos de la Institución Carnegie, el Museo Americano de Historia Natural y el Instituto Geológico de EE.UU.
Ese meteorito, como otros que contienen granos de sodio (cóndrulos), data de las primeras etapas del nacimiento del sistema solar hace 4.600 millones de años, según los científicos.
Agregan que, a diferencia de otros meteoritos, sus elementos no fueron modificados por el calor o por los cambios químicos durante más de cuatro mil millones de años, "lo cual abre una ventana a la historia inicial de nuestro sistema solar".
Según los científicos, ante las temperaturas de casi 2.000 grados centígrados, el sodio, así como otros elementos volátiles, debió haberse evaporado en esos cóndrulos.
Pero no ocurrió así...

la explicación es la densidad del polvo cósmico en las regiones donde se formaron esos cóndrulos en el sistema solar que debe haber sido de al menos 10 gramos por metro cúbico y posiblemente mayor.
Esa densidad es 100 veces superior a la considerada en otros modelos.
Según los cálculos científicos en densidades de 10 gramos por metro cúbico o más, las regiones de polvo cósmico de unos pocos miles de kilómetros de diámetro (pequeñas en términos astronómicos) deberían cohesionarse por efecto de su propia gravedad creándose cuerpos de decenas de kilómetros de diámetro.
"Esto plantea la posibilidad de que la formación de cóndrulos en estas regiones de alta densidad haya estado vinculada a la de cuerpos de varios kilómetros de tamaño, llamados planetesimales, que fueron la primera etapa en la formación de planetas como la Tierra", indicó Conel Alexander, del Departamento de Magnetismo Terrestre de la Institución Carnegie.


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