4 nov. 2007

La perra Laika fue hace 50 años el primer terrícola en el espacio

La perra 'Laika', enviada al espacio a bordo de una cápsula soviética el 3 de noviembre de 1957, abrió simbólicamente hace medio siglo el camino de los terrestres hacia las estrellas. Su muerte en el espacio fue frecuentemente comparada a una inmolación.
Ese episodio histórico en la conquista del espacio se produjo un mes después del lanzamiento del primer satélite artificial, el Sputnik-1, que había girado en torno de la Tierra el 4 de octubre de 1957. Después del éxito inicial, los soviéticos volvieron a la carga 30 días más tarde con el Sputnik-2, más pesado (508 kg contra 83 kg del Sputnik-1) y más complejo, con una perra en el interior de la cabina presurizada.
Esa experiencia sin precedentes tenía dos objetivos. Desde el punto de vista político, en vísperas del 40o aniversario de la revolución de 1917, su objetivo era demostrar la superioridad de la tecnología de la URSS sobre la de sus adversarios norteamericanos. Desde el punto de vista científico, se trataba de verificar al mismo tiempo si un ser vivo podía soportar las condiciones espaciales.La perra se llamaba Kudriavka ('Rizada', en ruso), pero se haría famosa bajo el seudónimo de 'Laika' ('Ladradora'), nombre que designa a un perro de caza de Siberia, de apariencia similar a la del fox terrier.
El animal era un perro huérfano que, según la leyenda, fue encontrado y capturado entre otros perros callejeros en Moscú. El domingo 3 de noviembre de 1957 a las 22H28, Laika, vestida con un traje cubierto con sensores destinados a transmitir su ritmo cardiaco, su presión arterial y su frecuencia respiratoria, y dispuesta ante una cámara de vídeo, dejó la Tierra en un viaje sin retorno. Según informaciones oficiales, soportó bien su misión a 1.600 km de altitud, pero las condiciones en que pasó sus últimos instantes quedaron envueltas en una bruma incómoda durante el anuncio del éxito de la misión, que debía durar entre siete y diez días.
Algunos decían que la perra se había extinguido apaciblemente al absorber un veneno incluido en su última porción de comida, otros que su muerte fue consecuencia del agotamiento de las reservas de oxígeno. El misterio fue desvelado 45 años después durante un congreso sobre el espacio realizado en Estados Unidos, en 2002. Uno de los responsables de la misión, Dimitri Malachenkov, del Instituto de Biomedicina de Moscú, reveló en ese momento que Laika había muerto al cabo de algunas horas a causa de malestares iniciados desde el despegue mismo de su cápsula. Aturdida por el zumbido y las vibraciones del lanzador, la perra pataleaba vigorosamente y su corazón batía tres veces más rápido de lo normal. Ya en órbita, y al volver el silencio al interior de la cápsula, la perra se calmó, pero poco tiempo después surgieron algunos problemas técnicos insuperables. Durante la separación del lanzador y el satélite se había desprendido una parte del aislamiento térmico de la cabina. Al cabo de cuatro horas, la temperatura a bordo alcanzaba los 41 grados, en lugar de 15, y seguía subiendo. Cinco horas después del despegue, Laika no dio más señales de vida.
Su tumba celeste giró en torno a la Tierra hasta el 14 de agosto de 1958, fecha en la que se consumió por el impacto con las densas capas de la atmósfera. La misión fue, entonces, un fracaso parcial, pero sus enseñanzas permitieron enviar a otros perros al espacio y, sobre todo, hacerlos regresar sanos y salvos a la Tierra. El acceso del hombre al espacio pasó del sueño a la realidad con el vuelo del soviético Yuri Gagarin, el 12 de abril de 1961.

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